Archivo: Ennio Moltedo

Existe un movimiento único en quien se encuentra detenido en el mismo sitio durante mucho tiempo. Ennio Moltedo Ghio, nace y fallece en Viña del Mar (1931 – 2012), además de poeta fue editor y articulista de prensa que se desempeñó siempre en Valparaíso y Viña. Absolutamente todas sus publicaciones fueron llevadas a cabo en dichas ciudades, preferentemente por Editoriales Universitarias o por Editorial Altazor. Inicia publicando Cuidadores (1959),  Nunca (1962),  Concreto azul (1967), Mi tiempo (1980),  todas con Ediciones Universitarias, luego en 1985 y 1990 publica Playa de invierno (Meridiana Editorial) y Día a día (Editorial Vertiente). Volvería a publicar con Editoriales Universitarias en 1994 Regreso al mar para luego entregar sus siguientes obras por completo a Editorial Altazor: La noche (1999), Lukas inédito (2003), Emporio Noziglia (2010), Las Cosas nuevas (2011) y la publicación póstuma de La línea azul (2014).  

Su obra, marcada por la territorialidad viñamarina y porteña, graficada inclusive en su decisión de no visitar Santiago por más de 27 años como crítica al centralismo y que el poeta explica de la siguiente manera “La capital del reino —una fantasía legal— no me interesa. No la frecuento. Resido junto al mar por necesidad visual y genética”, es delineada con la utilización de prosa en vez de verso. Ante ello el autor comenta que “la lectura del diario durante el invierno incidió fuertemente en mi opción por la prosa, de hecho yo leía muy mal el verso, lo leía precisamente como si estuviera leyendo el diario. Ése es el desplazamiento: mis poemas siempre buscan contar una historia”. Aquella historia establecida en un espacio físico claro, Moltedo configura, estructura y genera un horizonte poético que sobrepasa la imagen; es sin duda un paisajista y la mejor demostración de lo enunciado es su obra en sí:

“Noche, del latín nocte; éste del griego nyntos; y éste, a su vez, del sánscrito nakta. En alemán se dice nacht; en inglés, night; en italiano, notte; en portugués, noite; en francés, nuit; en catalán, nit; en walón, nute.”

En Chile la noche es eterna.

(De La Noche)

Me han robado

           Me han robado, me están dejando nada más que la cáscara. Ése es el problema. Me cambiaron los azules y todo el orden de las olas. No he vuelto a caminar con el mismo paso. Yo mismo no me reconozco en los espejos. Y hay música hasta el fondo de los tarros.

           Cambian las formas y te extrañas del movimiento de tus dedos, de los viajes de tu cuerpo. Ya no escuchas. Las orejas son estructuras sin sentido. Los ojos van detrás de telas, carteles, objetos pintados y te detienes a descifrarlos y ella, ella se renueva a cada instante y la ves sacar la lengua entre los puntos de la gran fotografía.

(De Mi tiempo)

Límite

           He aquí un simple tubo rojo o la baranda junto al mar. A tus espaldas el camino suave, limpio por la brisa de los vehículos; más atrás el sendero, la cortina de los árboles oscuros, la última guardia de flores, quizás la vida.

           He aquí el límite. A tu frente el desorden, la libertad del viento, la línea azul – que aún no es línea -, el agua que trepa y salpica cada vez en forma diferente. Se puede pasar tardes contemplando el escurrir siempre distinto de la espuma por las rocas.

           Frente a ti, el mar.

(De Concreto azul)

Pérdida

           Yo, que en estos momentos puedo inconmensurablemente todo, escojo pero no acierto entre veinte nombres. Más fácil hubiera sido consultar su destino o dejarle clavada una señal indicadora.

           Fueron la ascendencia especial de su piel azul y su cabellera recogida en Europa, lo que me hizo meditar lo necesario para permitir su desaparecimiento. Decepcionado después de un cambio de luna entero, no encuentro cómo llamarla. He buscado entre almohadas y coronas, he dormido en su cama, pero todo resulta una canción escolar o un pájaro de domingo.

(De Cuidadores)

12

Me han enviado al fondo del mar. Sin oxígeno, por supuesto. En traje de calle y con sobre azul en mano.

(De La Noche)

Comunicaciones

No recibo órdenes de nadie. A pesar de ello,

gente no enterada insiste en instrucciones

tanto verbales como escritas. Cuando así

sucede, acostumbro dirigir la vista hacia el

mar, hacia bosques y desiertos que se

extienden en paz sobre mi pequeño mapa.

Tal vez

Tal vez una mañana recién desembarcada

se atreva con todas las ventanas a un tiempo

y penetre por rejas, cortinas y plantas y

acaricie el lomo del gato y avance por

barandas, escaleras, cama dorada y siga las

ondas y tejidos alrededor de ondas y platos

y fuentes cubiertos por pájaro niño y trepe

la guarda y camine sobre los cuerpos y hasta

los párpados llegue la luz de la mañana

o el doblez de este nuevo sol de sal y

esperanza.

Valparaíso yace y se acoda en su ventana

y mira su propio ojo iluminado.

Por Ítalo Rivera

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