Divagaciones en torno a “Automat” de Edward Hopper

AUTOMAT.jpg

“Automat”
Óleo sobre lienzo
1927
Edward Hopper

Una mujer pierde su mirada en la habitación desolada, una profunda melancolía embarga al personaje, el rostro si bien no se define en la penumbra, sus ojos se construyen a partir de cuencos vacíos, puntos negros enmarcados por una leve pincelada de ceja, la sombra de la punta de la nariz y unos labios moderados completan la expresión alienada que acentúa la obsesión de Hopper, por estos personajes de ciudad cosmopolita, abatidos, inmersos en una vida monótona y fría. El Claroscuro de gran contraste, el exterior de un profundo negro enceguecido por la intensa luz interior. Sombras duras y la mancha evidente como gesto pictórico persisten en cada rincón del cuadro. Una paleta de color reducida que comparten distintos elementos de la escena, hace convivir a los objetos, reforzando su separación de este gran fondo que es la ventana.

El encuadre mutila, y esto parece ser una constante en Hopper, los objetos que purgan proyectarse más allá de los límites del cuadro, las piernas de la mujer amputadas, las patas de la silla, incluso gran parte de otra silla aledaña, la escalera de bajada, son señales que apuntan más allá del tema de la ciudad moderna y sus habitantes, refiere a una mirada fotográfica, no en el sentido de imitación de la realidad, sino más bien en las limitaciones de su proceso técnico y en las constantes de su construcción, que unidas a la pintura por la sistematización del espacio, por medio de la perspectiva geométrica, nos hablan de un pintor que se detiene con la mirada y su memoria, generando una imagen de hondo poder sígnico, un artificio que emerge de las obsesiones de un observador, medio que puede concentrar todo el peso de su época en un simple pasar por allí.


En los cuadros de Hopper, la representación hace presente una verdad subjetiva, la percepción del pintor revelada en esa distancia contemplativa de las figuras que componen el cuadro, la mirada a hurtadillas que se corta bruscamente responde a una situación de encuentro, similar al encuentro fortuito con el referente que practica la “fotografía de calle”, pero en el caso de la pintura, un mayor control en la elaboración de símbolos permite construir una imagen que concentra tanto esta verdad de la percepción, como aquella de los conceptos emergentes de la situación de los cuerpos en la ciudad moderna. El punto de vista contenido en estas obras es el de un observador invisible, una mirada distante que inquieta en su impotencia, todo contacto desaparece, ésta impenetrabilidad de los objetos caracteriza una vida segmentada en toda esfera, donde el cotidiano transcurre inerte en el abandono, en la automatización de las acciones. Hopper a través de los procesos propiamente pictóricos y su larga tradición figurativa, del volver a presentar los objetos matizados por la percepción del autor y la expresión de la mano, logra formular símbolos fundamentados en una problemática contemporánea, aquella de una ciudad cuyos habitantes ensimismados, monótonos, embargados por una depresión alienante, no logran establecer contacto con el otro, anulando así cualquier posibilidad de comunidad, participando de esta manera de un ritmo desgastante de producción, que atraviesa cada aspecto de la vida anulando toda afectividad de los sujetos.

Por Sibila Feuer

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