Verso como la resistencia al signo: visita de En defensa del poema como aberración significante de Mario Montalbetti

 

¿Se debe aportar leña al fuego de la discusión de si algo es un poema o no, se debe recaer en su clásica distinción respecto con la novela, “poesía” por un lado, “prosa” por otro? Nadie sabe si aporta realmente, más allá de su prestancia organizadora, la separación de géneros sobretodo en el arte, pero sí estoy de acuerdo con Montalbetti cuando afirma que para él hay una diferencia en que en la novela el todo siempre suma más que las partes mientras que en el poema las partes siempre suman más que el todo. Cuando estamos sentados en el sillón o acostados en la cama, tal vez echados en la sala o practicando la lectura de pie de un poema cualquiera, pareciera que siempre nos va a llamar más la atención una parte del poema, pareciera que siempre esa parte del poema que nos llama la atención no nos quisiera abandonar hasta ser casi de vida o muerte el aborto de aquella imagen, de aquella cadencia, de aquel verso que, de manera inconsciente para nosotros (y de seguro también para el escritor), se circunscribe en nuestra mente (o cuerpo) como una resaca de fin de semana. Con esto Montalbetti no afirma tampoco que el poema no cree en la unidad, que el poema no tiene una unidad y es cierto, puede llegar a tenerla, porque el poema anhela la unidad pero el verso se niega radicalmente, se sacude esas ganas del poema y las manda a la mierda. Si el poema puede recibir recortes y ajustes del poeta, el verso, en su cogollo, no. El verso no le pertenece ni al poeta ni al lector, el verso no tiene significado único, no busca la unidad, es solo una obsesión, una configuración extraña, incestuosa entre la madre azar y la hija lengua, como si estuviese esperando escribirse, como si estuviese esperando que alguien lo encontrara en el pantano. Por esto pareciera que cuando nos referimos a un poema la claridad y la seguridad con la que caminaban nuestras ideas se empezaran a embarrar hasta entrar a veces en el desconocimiento más puro y genuino. La novela, en cambio, pretende, en su afán estructurante, un significado único que, después de siglos, el lector ha aprendido a desequilibrar, dándole más lecturas a historias que parecían de manual. Si a la novela se le atribuye la seguridad de un significado, al poema no le queda más que la inseguridad de un no-significado, de lo que Montalbetti llamará un sentido, nada más que un sentido.

Si el poema buscó con el paso de los años el verso libre es porque los versos formados han asumido el lugar de la institucionalización y como buen Don(ña) Juan(a) que es el poema, huyó del compromiso. Escribir poemas (no digo poesía porque es una palabra vacía) en estos tiempos no puede responder a patrones institucionalizados, sino, todo lo contrario, debe a través de su estética única despensar, trastocar, subvertir aquellas normas culturales que nos vigilan y castigan, debe a través del arte apuñalar la “cultura”.  Si me preguntan qué es lo que tiene que hacer un poema, les diría lo mismo que acabo de escribir. Si me lo preguntaran otra vez más, les diría que no sé qué es lo que tiene que hacer un poema, pero algo, de esto estoy seguro, algo tiene que hacer.

Por Benjamín López-Hidalgo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: