Archivo: Alberto Blest Gana

En “De los trabajos literarios en Chile” (1859), publicado originalmente en el periódico ‘noticioso, literario i científico’ La Semana, el escritor y diplomático Alberto Blest Gana (1830–1920) esboza una primera declaración de principios sobre los alcances de una incipiente literatura chilena.

A continuación, se reproduce íntegramente este texto relevante en los albores de lo que hoy se conviene como “literatura chilena”.

N.A.

 

De los trabajos literarios en Chile

 

Tiempo es ya de establecer

en este mundo la dignidad de los

talentos secundarios.

Eujenio Pelletan, Horas de trabajo.

 

Las bellas palabras que por epígrafo de este artículo hemos tomado, deben ser la divisa de todos en la difícil carrera de las letras. Sí, ya es tiempo de reconocer que es digno de aprecio para todo el que aspira al bien de la humanidad i de su patria, esta hermana predilecta de cada cual en la gran familia humana, el puesto de talento secundario. No es solo la luz de los planetas la que alumbra i fecundiza nuestro globo ; sus satélites le envian tambien sus resplandores, su calor i su luz, contribuyendo al desarrollo magnífico de la creacion. El orgullo debe, pues, dejarse a un lado cuando se trata de entrar como labrador en el fecundo i elevado campo de la intelijencia, porque todo esfuerzo, toda tentativa hecha para enriquecer la mas brillante herencia del ser nacional, recibe las mas veces del mundo su merecida recompensa.

Tambien nosotros, como muchos, hemos arrojado a veces la pluma con el invencible desaliento del desengaño; también, en medio del trabajo, hemos creido divisar la sardónica sonrisa de una sociedad a quien egoista i apática se ha hecho casi una costumbre el apellidar; pero despues hemos querido profundizar las causas que helaban nuestro entusiasmo, nos hemos acercado para divisar esa sonrisa i percibir mejor la hiel de su sarcasmo: nuestra indagacion, lejos de traernos desaliento, ha vigorizado nuevamente nuestra fé i, tratando de palpar mas de cerca, el egoismo tan decantado de la sociedad, lo hemos visto reducido en escasos i miserables círculos, que apenas merecen mencionarse, donde el soplo del materialismo o de la envida ha apagado la llama divina del espíritu. Entonces hemos creido de nuevo en la eficacia de los esfuerzos secundarios, hemos encontrado muestras de aprobacion donde, solo creimos cosechar indiferencia i desprecio i seguirnos adelante nuestra humilde tarea, confiados en el porvenir i apoyados en el noble deseo de arrojar una piedra siquiera en los cimientos del inmenso edificio del progreso común.

A las inquietas declamaciones de los que, sintiéndose con fuerza, abandonan la tarea culpando a la indiferencia de la sociedad, nosotros responderemos diciéndoles que busquen en su voluntad la enerjía que su propia indiferencia les roba i hallarán en el trabajo i la perseverancia su propio desengaño. Chile se encuentra ahora como esos campos que solo esperan la mano del cultivador para rendir frutos abundantes i sazonados; la civilización ha arrojado ya los cimientos que preparan la intelijencia: tened constancia i vereis convertirse en flores las que creiais zarzas i malezas. No es el aprecio por los trabajos literarios lo que falta, es la constancia i el entusiasmo de los que pueden cultivarlo.

El viejo mundo se nos dirá, nos envia las producciones de su mas cultivado espíritu i las fuerzas desmayan a la sola idea de luchar con su inmensa superioridad. Nuestras convicciones a este respecto, sin apoyarse en una presuncion pueril o desmedida, nos alejan de semejante temor. Nosotros creemos que la literatura no es un palenque donde cada campeon, para obtener los aplausos de los espectadores, necesita sobrepujar a los demas i terrrasar al adversario con el bote de su lanza. En el campo pacífico del estudio, negamos que deba haber contendores i rivales: las intelijencias, por el contrario, se dan la mano para ayudarse en la empresa i el público acoje los ensayos de cada cual, apreciándolos tarde o temprano en lo que valen i animado las mas veces de induljencia por todo lo que es obra de los que han nacido en el mismo suelo. La desdeñosa apreciacion de alguno que solo se precie de leer libros de allende los mares, ademas de ser un juicio que por su peso a nadie arredra, merece mirarse como una opinion aislada i no como la fórmula del sentimiento social. A ménos de ser un libro cuya comprension demande conocimientos previos i especiales, las producciones de amena literatura encuentran en nuestros círculos ilustrados una acojida benévola i cordial.

En el dominio de las letras, sobre todo, nunca las sociedades han tenido que buscar a sus trovadores o novelistas, sino que éstos han debido inspirarles, por sus trabajos, el gusto por tan hermosa ocupacion del espíritu. Desde los cantos informes de algun oscuro bardo del Ejipto, que buscara su inspiracion en las misteriosas leyendas de la civilizacion primitiva, hasta los que en nuestros dias han marcado con su jénio una época en el catálogo grandioso de los siglos, no creemos que ninguno haya esperado que la sociedad a quien iba a dirijirse, fuese un juez competente para apreciar las obras de su injenio. Todos ellos, por el contrario, han hecho resonar su voz en medio de sociedades que no se hallaban preparadas para oirlas, salvando las épocas modernas solamente, i esas sociedades, las mas veces, han escuchado su voz, alentando sus empeños.

Entre nosotros, ademas, la crítica ha perdido sus mordaces i punzantes sarcasmos, que en tiempos no lejanos, despleglara contra todo el que pretendía dar un paso en la via literaria: los escasos juicios que en los últimos tiempos ha producido nuestra prensa, en análisis de obras nacionales, han llevado el sello de la jenerosidad i del buen criterio reconociendo el mérito i atenuando con induljencia los defectos.

Nada se opone, pues, a que todos los que sienten el noble deseo de emplear su pluma al servicio del porvenir literario de Chile, ensayen sus fuerzas en favor del cultivo social al que todos deben su parte en la esfera de sus alcances, sin retraerse jamas por la modestia de la ofrenda, o la pequeñez del impulso que sean capaces de dar a las conquistas de la civilizacion, por medio de la poderosa palanca de las letras. Siendo nueva, ademas, nuestra sociedad, la mision de los escritores del dia es echar los cimientos de un edificio que mas diestros artífices, después, vendrán a enriquecer i a completar. Las sociedades americanas en jeneral, i la chilena entre ellas, no han llegado aun, en punto a cultura literaria i científica, a esa especie de saciedad que parece al presente aquejar a los grandes mundos europeos. El espíritu de los pueblos jóvenes se alimenta con mas sencillas producciones que el ya gastado de las naciones que han vivido mucho de la vida intelectual; entre nosotros puede ser nuevo lo que solo arrancaría al refinamiento de aquellos pueblos, una fria mirada de compasiva indiferencia. En América, pues, suelo pobre aun de notabilidades literarias, puede reclamarse mejor que en cualquiera punto de Europa la consideracion i el apoyo para los talentos secundarios: de ese modesto círculo, bien podría mas tarde adelantarse el hombre en cuya frente el dedo de Dios hubiese estampado el sello resplandeciente del jénio.

Pedir, por otra parte, a nuestra naciente literatura una completa orijinalidad, es exijir la ajilidad del adulto al niño que empieza a dar sus primeros pasos apoyado en el brazo de su madre. Aspirar a obtener esa orijinalidad ántes que el estudio haya madurado las dotes naturales de la intelijencia, es presumir mui alto, sin razones para ello, i olvidarse de que todo ha menester de un principio para alcanzar despues al perfeccionamiento deseado. La marcha progresiva de la civilización a travez de los tiempos i de las naciones, nos manifiesta que cada pueblo ha recibido de otro las primeras bases de su futuro progreso i que esa civilizacion en su paso ha ido enriqueciéndose con lo que cada raza ha podido legarle despues de recibirla de otros climas.. En esa marcha colosal emprendida desde la India (la primera cuna de las ideas puestas al servicio del progreso) a las ardientes rejiones del Ejipto, de allí a Fenicia, de ésta a la Grecia, i de la Grecia a la Italia, que envió sus irradiaciones a todos los puntos de la Europa, ningún pueblo ha desdeñado los beneficios de las luces por no haber tenido oríjen en su seno. Lo que se observa de la civilizacion en jeneral, puede aplicarse a la literatura, esta espresion mas avanzada de la cultura social. Nosotros, al recibirla de Europa, no debemos desmayar porque parezca haber llegado a su apojeo; talvez la América está llamada a enriquecerla, siguiendo la lei que la historia puede atribuir a la naturaleza. La orijinalidad, ademas, no es obra de unos cuantos años ni de una sola jeneracion; siendo una espresion del perfeccionamiento jeneral, debe formarse de los adelantos progresivos de las jeneraciones que van sucediéndose, las que buscarán su inspiración en su clima, sus costumbres i su suelo, dándole necesariamente la nueva forma que ha de constituir su ser con la marcha de los tiempos.

Volveremos a repetirlo: lo que se opone, entre nosotros al desarrollo literario, es principalmente la propia apatía de los que pueden ayudarlo. Si le falta el impulso de estraños auxilios que pudieran vigorizarla en su marcha, punto que aquí no tocaremos, esos auxilios pueden conquistarse, estamos ciertos, con la perseverancia i el estudio de los que inician la obra, animados de desprendimiento i buena voluntad. Si la vida material está ceñida a los estrechos límites fijados por la naturaleza, la vida intelectual no reconoce término ni valla, por que no pertenece al hombre aislado sino a la humanidad, su savía es la herencia de los pueblos. Qué importa que despues del trabajo los resultados sean modestos i oscuros: valdrán al menos una ofrenda que habremos depositado en el altar de la civilización i que será recojida por todos los que crean consinceridad en la grandeza del porvenir!

            Mayo de 1859.

 

Alberto Blest Gana.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: