¿Qué es un héroe?

 Neuman, Andrés. El fin de la lectura. Santiago, Chile. Editorial Cuneta. 2011.

 

“Los crédulos afirman que todo estaba escrito. Los escépticos replican que, si ya estaba escrito, nadie lo leyó.”

Andrés Neuman.

En Entre paréntesis encontramos una crítica en donde Roberto Bolaño se refiere de la siguiente manera al autor de este libro: “Cuando me encuentro a estos jóvenes escritores me dan ganas de ponerme a llorar. Ignoro el futuro que les espera. No sé si un conductor borracho los atropellará una noche o si de improviso dejarán de escribir. Si nada de esto ocurre, la literatura del siglo XXI les pertenecerá a Neuman y a unos pocos de sus hermanos de sangre”. Me atrevo a decir que, al parecer, Bolaño no se equivocó en ninguna de sus aproximaciones (por lo menos hasta ahora).

Andrés Neuman, mitad argentino y mitad español, alabado por la crítica y ganador de diversos premios por sus obras, se ha desplazado durante su joven pero extensa vida como escritor entre la poesía y la narrativa sin trastabillar. Comenzó con la primera de éstas publicando Simulacros (1998), un cuaderno de 25 páginas con sus primeros poemas, luego: Métodos de la noche (1998), Alfileres de la luz (con el que obtuvo el premio Federico García Lorca, 1999), El jugador de billar (2000), El tobogán (ganadora del XVll Premio Hiperión, 2002), La canción del antílope (2003), Gotas negras (2003), Sonetos del extraño (2007), Mística abajo (2008) y No sé por qué y Patio de locos (2013).

En narrativa, subdividiendo ésta en novelas y cuentos, no es menor (ni menos premiado) la cantidad de escritos que posee hasta la fecha: Bariloche, su primera novela y finalista del XVll Premio Herralde, publicada en 1999 por Anagrama fue considerada como una de las mejores novelas del mismo año. La vida en las ventanas, publicada en 2002 es finalista del Vl Premio Primavera, Una vez Argentina, también finalista del Premio Herralde (esta vez en su versión número XXI) en el año 2003. El viajero del siglo, ganadora del Premio Alfaguara en 2009 y Hablar solos (2012). Mientras que en cuento ha publicado El que espera (2000),  El último minuto (2001). Alumbramiento (Finalista del Premio Setenil, 2006), Hacerse el muerto (2011) y El fin de la lectura (publicado en Chile por Editorial Cuneta el año 2011). Es el último de esta extensa lista el que nos compete (solo hoy).

El fin de la lectura es una antología que incluye 30 textos que el mismo Andrés Neuman escogió. En ella nos encontramos con cuentos, presentados como relatos, diálogos o narraciones, con características que estimo fundamental destacar. Primero, la extensión. El texto de mayor extensión (considerando la cantidad de páginas y obviando que me baso en esta edición) no supera las diez hojas (Las cartas de los tristes), mientras que el de menor, se estructura solamente con cuatro líneas (En Familia), aquello contribuye en demasía en una lectura rápida mas no acelerada o superflua. En segundo lugar destacar la variedad de temáticas y la manera de abordarlas. Neuman contrapone diversas formas de actuar, sucesos, personajes o incluso puntos de vista; en La felicidad nos habla de un marido que vislumbra en la infidelidad la mayor demostración de fidelidad por parte de su mujer, en La ropa nos narra sobre cómo evoluciona Arístides desde la extravagancia de asistir desnudo a su trabajo hasta la monotonía de quienes replican su accionar y, en La prueba de inocencia, se nos grafica que lo más complejo de demostrar es la inocencia absoluta cuando es agradable para uno pasar por el proceso de verificación o indagación de la verosimilitud de un argumento; “Si. Me gusta que la policía me interrogue”, como menciona el personaje principal de dicha narración, quien gusta de la adrenalínica sensación. Esto, nombrando algunos cuentos al azar puesto que en todos la base argumental simplemente nos obliga a leer el texto que sigue, buscando una historia igual o mejor desarrollada.

En tercer lugar, finalizo por destacar los recursos literarios utilizados. Neuman se posiciona básicamente en donde él quiere estar; por momentos es personaje, es testigo, observador, etc, y no me refiero al tipo de narrador que se desarrolla, sino que, a la ubicación del autor al instante de plantear el relato y desarrollarlo. Nos declara situaciones que quizás él mismo pudo vivir, con una velocidad y lucidez que sorprende y nos deja apretando el libro con ambas manos. Un ejemplo de aquello es Alumbramiento, en donde no encontramos un solo punto hasta que finaliza la narración, recurso que claramente busca aquella rapidez superficial que armoniza con la respiración del lector al seguir de manera atenta el suceso mismo de dar a luz, que se nos expone en el texto. También nos agarra de la cabeza (al parecer con pinzas) y nos coloca justo frente a una pareja discutiendo (Una raya en la arena) o somos espectadores de cómo disfruta del placer sexual una novicia (El infierno de Sor Juana).  

El autor se transforma y nos recuerda la frase “Yo es otro” de Rimbaud a cabalidad, pues se sitúa en un lugar ajeno que logra volver suyo y narrar de manera eficaz, mutando ida y vuelta, configurando paredes, edificios y toda una atmósfera frente a nosotros; es un paisajista del relato. Para ejemplificar, dejo un video del cuento El fusilado (que aparece por primera vez en el libro Hacerse el muerto e incluido en El fin de lectura) leído por el autor:

https://www.youtube.com/watch?v=efO6zrqLKeY

Neuman da a conocer en Barbarismos de Argentina: leer. Acción y efecto de vivir dos veces”, y bien podría ser ello una síntesis descriptiva de carácter profundo de su obra, puesto que uno, como lector, logra inmiscuirse en su narrativa sin complejidades, relacionarse con los personajes y convertirse en uno, agarrándole un gusto turbio al proceso de renacer leyendo, un sabor comparable con una mezcla de café con leche que agradará a todos, pues lo prepara el mismísimo autor, sirve hirviendo y nos observa mientras va anotando cada detalle.

 

Ítalo Rivera

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