Escritura creativa: Todo lo que brilla parece oro

La construcción de un poema es, a su vez, la destrucción de una estructura. Algo así comentó Baudelaire, al llamar (sarcásticamente) a la configuración de un poema en prosa como “principio destructor”. Si bien podría llamarle la atención a ciertos lectores encontrarse con poesía alejada de sus estrofas y versos, no debe ser motivo de sorpresa, ya que esta —la poesía— sirve de herramienta a la hora de representar el acto poético como una experiencia escritural única e irrepetible que no responde a moldes. Como revista creemos que estos conceptos formales no deben mermar jamás la escritura. Una muestra de aquello es el siguiente texto, titulado Todo lo que brilla parece oro. Cabe destacar que este texto fue escrito en el marco de un ejercicio de “escritura automática”. Lo que no sabe Benjamín (nuestro colaborador) es que, en un comienzo, esta revista pensó en llamarse Escritura automática, pero que decantó por su actual nombre debido a que tanto lógica como instinto, en una relación dialectal, llevan a cabo una escritura profunda sin dejar de lado el oportuno trabajo de corrección. El siguiente texto es, quizá, aquello: la velocidad de la mente y la marcha de una mano y su lápiz que, en un primer momento, no conocen la pausa y que, luego, encuentra en el reposo de la escritura los detalles que buscan ser corregidos por los ojos que los leen.

Í.R.

 

Todo lo que brilla parece oro

 

Por Benjamín López Hidalgo

 

Algo espero de este silbido opaco y del sol que a ratos aparece en el cielo del puerto, porque este puerto en el fondo se une en la deriva de las calles y los cerros sin fin.  Distinto es el valle del que vengo como roto zapato, el horno de unos cerros que te encierran como una estatua en la plaza. Avanzo paso a paso pero no siento mis piernas se tambalean ante el futuro de esta patria ciega, rostro de dinero sucio como la moneda que te robarán.

 

La toma de armas es un signo de lucha pero el diálogo es un signo de amor.

La verdad de un gusano es la de arrastrarse pero los gusanos también pueden ser reyes.

 

Trapito de tu cielo, una belleza de ángel como un naranjo o como su fruto, en una frutera de su casa o de la mía, como un líquido chorreando en los codos triste y arrepentido de caerse y manchar. He estado en el suelo limpiando como un rayo sin embargo dudo, pues al que busca la pureza le aterra caerse al charco de barro. Nadie puede responder a su expectativa como si fuera un sistema impecable pero complejo de excusas submarinas, sueño una y otra vez con ballenas en el mar, sueño con descubrir su lenguaje y que al momento de mi muerte mi ánima sea llevada por las cuatro ballenas mapuches a la Isla Mocha.

Como mares, como cardúmenes desiertos, como pieles de lobos de mar.

 

En el fin de estas últimas alas, ocultas entre lo metálico,

ocultos también nosotros entre los árboles de la ciudad.

 

Me animo, trato de encontrar algo grande que me motive, trato pero tal vez el intento ya es una derrota; tratar a todos de la misma forma como si la diferencia fuera el centro y el centro la diferencia, nunca nadie podrá ser lo que es y este juego llamado vida parece una risa infinita que, bajo ningún punto, podemos frenar pero en los estertores, a fin de cuentas, nos da una identidad. Quiero ser algo ¿y acaso ya no lo soy? ¿Visitar una tienda está mal? Entro en la sábana donde duermes y duermo todos los días y sueño una y otra vez oculto con la frente en duda.

 

El odio por nuestros muertos es el motivo de que nademos por los miedos de la gente.

Esperas una carta que nadie nunca te dará porque esperar mata y la acción también.

 

No hay trato sin lágrimas en los ojos, pelo corto y un saco de problemas. Este es un país de milicos encubiertos. Dicen que el Rey Gusano retornará, el fatal animal que cada uno tiene en su estómago entrañado en la más alta convicción, quisiera verle su rostro de lombriz infame y poder pisotear su historia de baba, sin embargo se camufla en los rincones como ese pedazo de ti mismo que no quieres mirar, nada más queda sino andar y andar:

Somos los hijos del rey gusano

atrapados en la ceguera y la miseria

como una tropa de almas perdidas

buscando su ceniza en la hoguera

 

Al final no nos llevaremos mucho de esta realidad. Alguien nos dará una mano, nos dirá que es mejor reír que enojarse y que hay que hacer todo lo que a uno le plazca porque la vida está para eso, sin embargo los ojos de esa persona demuestran que está harta y yo también. ¿Reempezar? Volver a creer en el polvo de las estrellas, en el agua y en las hojas. Todo lo que se ha hecho en el gran juego es tal para cual, la luna y la noche, la gotera del techo que cae como las mentiras cae y tiene que traspasar muchas capas solo para que nos demos cuenta que el sol radiante y acogedor que está encima de nuestras cabezas le corresponde exclusivamente a aquellos que lo pueden comprar.

Seguir esperando algo de este silbido opaco y del sol que a ratos aparece en el cielo del puerto no tiene sentido.

Hoy vives y mañana

¿quién sabe?

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