After Spicer

Jack Spicer nació el 30 de enero de 1925 y vivió apenas 40 años, breve tiempo aunque no desperdiciado.  El poeta siguió la queer genealogy de Rimbaud, Lorca, entre otros. De hecho, al español le demostró su admiración trabajando/jugando con su obra, a veces corrigiendo algunos poemas o simplemente tomando algunas imágenes prestadas (según algunos, plagio). En este nuevo aniversario de la revista, presentamos 3 textos de Spicer pertenecientes a After Lorca, en muestra del cariño que le tenemos a estos dos poetas.

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Traducción al español por Rafael Cuevas y Gaspar Peñaloza

 

Juan Ramón Jiménez

         Una traducción para John Ryan

En el blanco sin fin

Nieve, algas y sal

Perdió su imaginación.

 

El color blanco. Camina

Sobre una alfombra hecha

Con plumas de paloma.

 

Sin ojos ni pulgares

Sufre un sueño sin movimiento

Pero los huesos tiemblan.

 

En el blanco sin fin

Qué puro y enorme una herida

Su imaginación dejó.

 

Nieve, algas y sal. Ahora

En el blanco sin fin.

 

Balada de la niñita que inventó el universo

                      Una traducción para George Stanley

Flor de jazmín y toro degollado.
Una vereda infinita. Mapa. Sala. Arpa. Alba.
La niña finge un toro de jazmines
y el toro es un sangriento crepúsculo que brama.
Si el cielo pudiera ser niño pequeñito
Los jazmines podrían tomarse la mitad de la noche
Y el toro su propio circo azul
Con su corazón a los pies de una pequeña columna.
Pero el cielo es un elefante
Y los jazmines son agua sin sangre
Y la niña es un ramo de flores nocturnas
Perdidas en una vereda ancha y oscura.
Entre el jazmín y el toro
O los garfios de las dormidas personas de mármol o
En el jazmín, nubes y un elefante—
El esqueleto de una niñita gira.

****

Querido Lorca,

Estas cartas están para ser tan efímeras como nuestra poesía está para permanecer. Formarán el bolo, el desperdicio que mis contemporáneos con acidez estomacal demandan para ayudarlos a tragar y digerir la palabra pura. Usaremos aquí nuestra retórica, y así evitaremos que aparezca en nuestros poemas. Que sea consumida párrafo a párrafo, día a día, hasta que nada de ella quede en nuestra poesía y nada de nuestra poesía quede en ella. Es precisamente porque estas cartas son innecesarias que deben ser escritas.

En mi última carta hablé sobre la tradición. Los necios que lean estas cartas pensarán que con esto nos referimos a lo que la tradición ha parecido significar últimamente —un patchwork histórico (ya sea hecho de citas Isabelinas, guías turísticas sobre el pueblo natal del poeta o ambiguos indicios sobre ambiguas prácticas de magia publicadas por Pantheon) utilizado para cubrir la desnudez de la palabra deshojada. La tradición es mucho más que eso. Significa generaciones de poetas diferentes en países diferentes contando pacientemente la misma historia, escribiendo el mismo poema, ganando o perdiendo algo con cada transformación —pero, por supuesto, nunca perdiendo nada realmente. Esto no tiene nada que ver con serenidad, clasicismo, temperamento o cualquier otra cosa. La invención no es nada más que el enemigo de la poesía.

Mira qué débil es la prosa. Invento una palabra como invención. Estos párrafos podrían ser traducidos, transformados por una cadena de cincuenta poetas en cincuenta lenguas, y aun así continuarían siendo efímeros, inciertos, incapaces de cosechar la sustancia de una sola imagen. La prosa inventa—la poesía revela.

Un loco está hablando consigo mismo en la habitación de al lado. Habla en prosa. En breve iré a un bar y allí uno o dos poetas hablarán conmigo y yo con ellos e intentaremos destruirnos entre nosotros o seducirnos entre nosotros  o incluso escucharnos entre nosotros y nada sucederá porque hablaremos en prosa. Volveré a casa, ebrio e insatisfecho, y dormiré—y mis sueños serán prosa. Incluso el subconsciente no tiene paciencia suficiente para la poesía.

Tú estás muerto y los muertos son muy pacientes.

Con amor,

Jack

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